Un relato personal sobre cómo un diagnóstico a los 14 años no fue un límite, sino el inicio de una carrera de resiliencia. Desde empezar a trabajar a los 16 años hasta fundar INCLUSYS, exploro cómo he transformado las supuestas barreras de la neurodivergencia en mis mayores activos profesionales y en el motor de este proyecto.
El diagnóstico como mapa, no como etiqueta
Recibir un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) y TDAH a los 14 años suele verse, desde fuera, como una noticia difícil. Para mí, fue todo lo contrario: fue recibir por fin el manual de instrucciones de un sistema operativo que nadie me había explicado.
Lejos de paralizarme, esa autoconciencia temprana me empujó al mundo laboral con apenas 16 años. No fue un camino de rosas; el entorno corporativo estándar no está diseñado para cerebros como el mío. Sin embargo, esa fricción temprana fue mi mejor escuela. Aprendí a la fuerza dónde chocaba mi neurobiología con las estructuras rígidas, pero también empecé a vislumbrar algo que cambiaría mi vida: mis diferencias no eran errores, eran características de alto rendimiento si se usaban en el contexto adecuado.
La alquimia de la neurodivergencia en los negocios
A menudo se habla de la neurodivergencia en términos de «déficits» de atención o comunicación. En mi trayectoria hacia la fundación de INCLUSYS, he reescrito esas definiciones:
- Donde otros ven «obsesión», yo veo profundidad. El autismo me otorga la capacidad de hiper-enfocarme (monotropismo) en problemas complejos, analizando patrones y detalles que la mayoría pasa por alto. En consultoría, esto se traduce en auditorías exhaustivas y soluciones que van a la raíz, no solo a la superficie.
- Donde otros ven «impulsividad», yo veo innovación. El TDAH es el motor que me permite pivotar rápidamente, conectar ideas aparentemente inconexas y mantener la energía necesaria para emprender. La mente TDAH es una máquina de generar escenarios, lo cual es vital para la estrategia empresarial en tiempos de incertidumbre.
Liderar desde la autenticidad radical
Fundar INCLUSYS no fue solo un paso lógico profesional, fue una necesidad vital. Quería construir la empresa en la que a mi «yo» de 16 años le hubiera gustado trabajar.
Liderar siendo abiertamente autista y TDAH implica un estilo de gestión diferente. Implica una honestidad radical; no hay agendas ocultas ni políticas de oficina pasivo-agresivas, porque sencillamente no opero en esa frecuencia. Esto crea un entorno de confianza y claridad que es increíblemente eficiente.
Lidero sin filtros: si tengo necesidades sensoriales o baja energía, lo comunico. Esta transparencia busca que dejemos de gastar fuerzas en fingir y las usemos para rendir desde nuestra verdadera naturaleza.
INCLUSYS: La prueba viviente
Hoy, INCLUSYS no es solo una consultora; es la prueba de que la neurodivergencia puede ocupar el sillón de dirección. Mi historia personal es el filtro de calidad de nuestros servicios. Cuando decimos que sabemos cómo integrar talento diverso, no es porque hayamos leído un paper académico, sino porque hemos vivido el desafío en primera persona.
Mi pasado es mi fortaleza porque me ha enseñado que la resiliencia no es aguantar un sistema que te daña, sino tener la valentía de construir uno nuevo. Y eso es exactamente lo que hacemos aquí cada día.



