Reflexión sobre mi experiencia como mentor LGTBIQ+ y asesor de startups sociales. Cómo el voluntariado me dio un conocimiento “desde la trinchera” que ahora aplico para asesorar a empresas, asegurando que las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) tengan un impacto real en las personas y no sean solo marketing.
La distancia entre el despacho y la realidad
Existe una brecha peligrosa en el mundo corporativo: la que separa las decisiones que se toman en una sala de juntas climatizada de la realidad que viven los colectivos vulnerables en la calle. Muchos planes de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) fallan no por falta de presupuesto, sino por falta de calle.
Mi perfil profesional se ha forjado en esa intersección. Antes de diseñar estrategias empresariales, estuve (y sigo estando) en la «trinchera» del voluntariado. Como mentor LGTBIQ+ y asesor de startups con impacto social, he visto de primera mano dónde fallan las buenas intenciones cuando chocan con la realidad humana.
Lo que no te enseñan en la escuela de negocios
El voluntariado me enseñó lecciones que ningún MBA puede ofrecer y que hoy son la base de la ética de INCLUSYS:
- La interseccionalidad no es teoría: He acompañado a personas que no solo enfrentan barreras por ser neurodivergentes, sino también por su orientación sexual o identidad de género. Entender que una persona es un todo complejo y no una suma de etiquetas es vital. No puedes diseñar una política de inclusión para «autistas» ignorando que quizás esa persona también enfrenta discriminación por ser trans o migrante.
- La fragilidad del «apoyo de escaparate»: He visto la frustración de chicos y chicas que entran a trabajar en empresas que se ponen la bandera arcoíris en junio o hablan de neurodiversidad en LinkedIn, pero que internamente carecen de protocolos contra el acoso o de adaptaciones reales. Esa hipocresía corporativa duele más que la indiferencia.
- La resiliencia como activo, no como lástima: En el Tercer Sector aprendes que las personas a las que ayudas no son víctimas pasivas; son supervivientes con habilidades increíbles de adaptación. Mi trabajo es ayudar a las empresas a ver y valorar esa potencia, no a «salvar» a nadie.
De la filantropía a la estrategia operativa
Cuando asesoro a una empresa hoy, no les vendo «caridad». Utilizo mi experiencia en la trinchera para auditar sus estrategias de RSC con una pregunta simple: «¿Esto cambia la vida de alguien el lunes por la mañana, o solo queda bien en la memoria anual?».
Transformamos el voluntariado corporativo y las políticas de diversidad en herramientas operativas:
- En lugar de donar dinero ciegamente, diseñamos programas de mentoría inversa donde los directivos aprenden de la diversidad de sus empleados.
- En lugar de charlas motivacionales genéricas, implementamos cambios estructurales basados en las necesidades reales que he escuchado durante años en las sesiones de mentoría.
RSC con ADN de trinchera
La verdadera responsabilidad social no se mide en likes ni en notas de prensa. Se mide en la seguridad psicológica de tus equipos y en la coherencia de tus acciones.
Haber estado al otro lado, escuchando los miedos y los sueños de las personas a las que las empresas dicen querer ayudar, me da una ventaja competitiva única: sé distinguir el humo del fuego.
En INCLUSYS, ayudamos a las organizaciones a dejar de hacer «turismo social» y empezar a generar impacto estructural. Porque la mejor estrategia no es la que más brilla, sino la que, al final del día, permite que las personas sean, simplemente, ellas mismas.



